Vacunarse o no vacunarse

Con la llegada de las vacunas, muchas personas ven mucho más cerca el final de esta pandemia. Aunque también una parte de la población se muestra reticente a recibir la vacuna. Ahí observamos cómo en muchas de las ocasiones el rechazo se debe más a un componente emocional más que racional. Hoy analizamos cuáles pueden ser las posibles causas y consecuencias del miedo o negación a vacunarse.

Según el barómetro publicado por el CIS en enero, cerca de un 20% de la población aún se niega o se muestra reticente a vacunarse. Eso puede explicarse por diferentes factores; en algunos casos puede deberse a patologías concretas como la tripanofobia. Otros se relacionan más a aspectos psicosociales. Popularmente se puede extender la incertidumbre, la desconfianza o el miedo entre personas indecisas a la hora de posicionarse e identificarse como anti o pro-vacunas.

Patologías asociadas

Con respecto a las patologías o trastornos que pueden influenciar directamente el rechazo a vacunarse, destacan tres en especial:

1.- Hipocondría

La hipocondría o trastorno de ansiedad por enfermedad consiste en una constante preocupación por la salud. Se ha podido intensificar y mucho en la actualidad esta patología debido al miedo a contagiarse. Por contra también han podido experimentar ese intenso miedo por los efectos adversos que puedan pensar que causa la vacuna, a veces de forma irreversible.

Si la persona sufre este trastorno no se trata de intentar convencerles de que lo que piensan es falso. Por mucha información que les des no perderán su punto de vista y su forma de entender la realidad, dado que las interpretaciones fatalistas sobre la propia salud han sido desarrolladas de modo irracional y distorsionado.

2.- Tripanofobia

Este tipo de fobia consiste en un miedo intenso a los objetos punzantes. La idea del momento de la inyección ya puede ocasionar en la persona que sufre esta fobia ansiedad anticipatoria, agitación mental y corporal, mareos, ataques de pánico y desmayos.

3.- Paranoia

Durante el tiempo que llevamos desde la aparición del virus hemos podido observar cómo en algunas personas se ha dado la propensión a teorizar. Podemos detectar cuando nos estamos alejando de lo que realmente sabemos cuando vemos que se ha llegado a conclusiones como que el coronavirus ha sido creado en el laboratorio de ciertas élites con el fin de dominarnos, que ha sido diseñada con nanotecnología para controlarnos, que detrás está el gobierno chino, Bill Gates…

Aquí es importante ser conscientes de que menospreciar o tratar de manera despectiva otras creencias no va a ayudar en nada. De hecho puede reforzar en la persona que sufre un trastorno delirante la idea de que no puede confiar en compartir sus ideas ni fiarse de nadie. Su respuesta puede ser ponerse a la defensiva o agresiva para mantener su oposición.

Estas son tres de las patologías que pueden dificultar que la persona decida vacunarse o seguir las medidas de prevención establecidas, poniendo en riesgo su salud y la del resto. En estos casos es de vital importancia buscar apoyo profesional.

Factores psicosociales

En la actualidad hay razones para considerar con cierto recelo e inseguridad la idea de vacunarse. Nos encontramos con que el desarrollo de las diferentes vacunas se ha acelerado y aprobado con mucha más celeridad de lo habitual debido a la urgencia que supone esta situación. Ahí vemos que muchas cosas se escapan de nuestro control y que por tanto puede resultarnos más reconfortante desconfiar y ponernos en el peor de los casos. De este modo nos podemos autoconvencer de estar preparados para lo que sea.

Vemos también que cuanto mayor sea la desconfianza ante el sistema y sus gobernantes mayor será también la probabilidad de no cumplir las recomendaciones sanitarias. Si no se tiene fe en las autoridades tampoco la habrá respecto a sus medidas. Eso supone un gran riesgo para frenar esta pandemia dado que la politización de cómo se esta gestionando esta facilitará que la población no siga indicaciones de los científicos especialistas.

La búsqueda de la seguridad y el control de la situación puede llevarnos a la afirmación de conjeturas que no podemos demostrar. Tenemos que ser conscientes de la influencia que ejerce en nosotros estar ante dudas comprensibles como el no poder asegurar al 100 por 100 que las vacunas serán en todos los casos eficaces e inocuas.

Debemos ir más allá de nuestra tendencia tan perjudicial de establecer las cosas entre blanco y negro. Verlo de forma dicotómica no hará más que radicalizar nuestra visión y dificultar el contacto con la realidad.

Ante inseguridades razonables y certezas que no se pueden dar, nos queda apelar a nuestra capacidad, fuerza y voluntad de salir adelante como sociedad.

de Robert Cotonat Gracia

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