La influencia de madres y padres en la Autoestima

Nuestra autoestima se ve influenciada constantemente por las experiencias y exigencias que recibimos del mundo exterior. La sociedad exige que sigamos pautas de comportamiento y tomemos decisiones parecidas o iguales a la mayoría de las personas. De lo contario, podemos percibir y sentir rechazo, exclusión y discriminación. La autoestima de los niños y adolescentes es mucho más sensible, debido a que se encuentran en pleno desarrollo de sus capacidades cognitivas y afectivas. Es en ese proceso de consolidación y fortalecimiento de su personalidad e identidad donde debemos tener especial atención. Esto es en lo que nos centramos hoy.

Primero aclaremos dos conceptos que suelen confundirse, autoestima y autoconcepto. Es importante puntualizar que, a pesar de que están estrechamente relacionados, ambos constructos son diferentes. El autoconcepto puede ser definido como la imagen que se tiene de sí mismo acerca de las propias capacidades, preferencias o apariencias. Es considerado como un proceso predominantemente cognitivo. En contraste, la autoestima se define como el valor que las personas tienen con respecto a su imagen y tiene una fuerte connotación afectiva.

Estudios realizados con niños y adolescentes han constatado relaciones positivas significativas entre la autoestima alta y la cooperación, las habilidades sociales, la felicidad, la flexibilidad, la adaptación a los cambios, la integración social, la capacidad de trabajar en equipo, la constancia la planificación de respuestas, el buen manejo del estrés y la satisfacción con la vida. Por el contrario, la autoestima baja se ha visto asociada a síntomas de depresión, impulsividad, celos, desajuste emocional, diversos síntomas psicopatológicos, problemas escolares y a conductas agresivas y violentas.

Si bien existen muchos enfoques teóricos que explican la estructuración y desarrollo de la autoestima y del autoconcepto, existen dos teorías psicológicas que destacan la importancia de la calidad de la parentalidad en la formación del concepto de sí mismo y su valoración:

Teoría del espejo de Berger y Luckman

Esta teoría tiene mucho que ver con el interaccionismo simbólico. Explica que las autovaloraciones se construyen a partir de la realimentación ofrecida por figuras significativas, tales como los padres, familiares y posteriormente los iguales y figuras como los profesores.

El niño y el adolescente se ven condicionados por la imagen que les ofrecen los otros, como si éstos fueran un espejo. Por lo que, si es un reflejo mayoritariamente negativo y crítico, la autoestima de nuestros hijos se verá sumamente dañada. Si el niño siempre recibe mensajes del tipo “eres un vago”, “¿Por qué no eres como tu hermano que siempre se porta tan bien?” o “mejor lo hago yo, que tú no sabes”, la percepción que tendrá nuestro hijo de sí mismo muy probablemente no será positiva. Podrá sentirse sin utilidad, incapaz de hacer las cosas bien y desde luego se generará en él un sentimiento de que haga lo que haga nada es suficiente.

Teoría del aprendizaje social de Bandura

Esta teoría en cambio sugiere que el niño forma su autoconcepto a partir de un proceso de imitación en el que incorpora actitudes y comportamientos de las personas significativas, especialmente de los padres. Si no se crean espacios donde los hijos puedan poner en práctica estas habilidades, es poco probable que puedan corregir a tiempo las fallas. Es importante que se generen críticas constructivas, enseñar y ver juntos soluciones ante los aspectos a mejorar que han podido aparecer.

En una ocasión, por ejemplo, una paciente adolescente comentó en consulta que le gustaría aprender a lavar su ropa, pero el día que lo intentó, la madre le dijo que había gastado mucho jabón. Desde entonces no le permitió realizar esta tarea, la madre asumió por completo la responsabilidad interfiriendo en el desarrollo y aprendizaje de la hija, a su autonomía y adquisición de habilidades básicas para la vida.

El camino hacía la madurez

Desde su inicio, la persona comienza internalizando y desarrollando la imagen y valor que tiene de sí misma y cada experiencia nueva le permitirá ir actualizando, reforzando y consolidando su identidad. La calidad de la relación que los padres tienen con sus hijos puede favorecer u obstaculizar el desarrollo de un crecimiento personal saludable. Lo que los padres piensan, sienten y hacen por sus hijos y la forma cómo se lo hacen saber a ellos, tendrá un impacto en su autoestima y autoconcepto.

Es importante ser conscientes de nuestra influencia, existen características afectivas y relacionales de los padres que pueden contribuir al desarrollo y fortalecimiento de la autoestima positiva de los hijos tales como el respeto, la aceptación y el apoyo incondicional. También podemos, brindar autonomía y responsabilidad en función de la edad, validar sus emociones, evitando los juicios de valor, evitar las críticas en público, las comparaciones y las etiquetas negativas.

Si nos encontramos con dificultades para lograr fortalecer la autoestima de nuestr@ hij@, es importante recordar que podemos buscar ayuda profesional. No solo para evaluar al infante, también para recibir orientación parental y detectar aspectos que como padres, podemos trabajar y mejorar a nivel personal. Brindamos atención para ayudar a la familia a ofrecer el mejor soporte para el desarrollo de nuestros pequeños. No dudes en preguntarnos, será un gusto ayudarte.

de María de los Ángeles Ulloa

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