Tiranía en la infancia: de padres permisivos, niños consentidos

Tu hij@ no te hace caso, no acepta un “NO” por respuesta, lo quiere TODO, AQUÍ y AHORA, a la voz de ¡YA! Si no consigue lo que quiere se enfada, llora, monta una rabieta y se comporta de forma disruptiva hasta que cedes, se lo permites y lo consigue. Y te preguntas ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Hoy damos pautas sobre cómo prevenir este tipo de conductas.

¿Quiénes son los reyes de la casa?

Los niños y niñas van adquiriendo desde edades muy tempranas diferentes formas de actuar para la consecución de sus objetivos. Pueden hacerlo de forma adaptativa, es decir, de forma positiva y respetuosa con los demás, o bien, de forma disruptiva, anteponiendo sus intereses al bienestar del resto.

Si los adultos reforzamos ésta última, “consintiendo” comportamientos negativos y dándole al niño o niña lo que está exigiendo a gritos o incluso mediante insultos, golpes y amenazas, entenderá que esa es una forma adecuada de pedirlo. En posteriores ocasiones, volverá a repetir este estilo de conductas, puesto que le han funcionado y ha conseguido con ellas aquello que quería.

“Le doy lo que me pide para que no me monte el numerito en el supermercado” o  “Le dejo que coma dulces porque es lo único que come” ¿Te resulta familiar?

A veces compensamos nuestra falta de tiempo y atención hacia nuestros hijos/as consintiéndoles malos comportamientos, evitando así enfados y discusiones. Con esto les dejamos salirse con la suya y no les estamos enseñando las normas y límites, que tan necesarios son en edades tempranas.

Conscientes del impacto negativo que ocasionó en el pasado un estilo educativo autoritario, intentamos huir de él y podemos caer en el extremo opuesto: el estilo permisivo. Este estilo, basado en el “dejar hacer” al niño o niña lo que le apetece en ese momento y que carece totalmente de control o disciplina, puede dar lugar a niñas y niños con comportamientos de tiranía.

De hecho, los padres y madres de niños/as que tienden a comportarse del modo señalado, manifiestan tener dificultades a la hora de establecer límites. Ante estas dificultades “se rinden”, ceden, toleran las conductas disruptivas y conceden los caprichos de sus hijos/as.  Lo más destacable es que cuanta más tiranía muestra el/la niño/a, más complaciente se muestra el adulto, llegando incluso a sentirse culpable cuando no cumple todos sus deseos.

En algunos casos, si no se interviene a tiempo, estos comportamientos desafiantes por parte de los niños, además de hacia sus padres, pueden trasladarse hacia el profesorado u otras figuras de autoridad. Estas conductas se van incrementando conforme el/la niño/a crece, siendo comunes en la adolescencia los casos de maltrato hacia sus padres.

Este tipo de conductas tiránicas, también conocidas como Síndrome del Emperador o Emperatriz, son producto de una disfunción educativa que puede corregirse, tal y como señala el psicólogo Vicente Garrido, autor de Los hijos tiranos: El síndrome del emperador.

Comportamientos tiránicos en niñ@s

Se trata de niñ@s con baja tolerancia a frustración, que responden con rabietas, ira, insultos o violencia cuando se les solicita hacer algo que no les gusta, no les apetece o cuando no consiguen lo que quieren. Presentan escasas estrategias para resolver problemas por sí mismos, pues están acostumbrados/as a que alguien se los resuelva.

Muestran un egocentrismo exacerbado, no muestran empatía y por tanto, no sienten remordimientos cuando hieren (física o psicológicamente) a los demás. De hecho, siempre encuentran justificación a sus conductas o culpabilizan a otros de las mismas, lo cual denota una baja autoestima. No aceptan las normas y castigos de sus padres, manipulando y consiguiendo que cedan de nuevo.

También debemos considerar la influencia de la cultura y de la sociedad de consumo en la que crecen nuestros hij@s. Esta “era de la inmediatez” incita a querer tener en nuestras manos lo más novedoso, lo mejor, rápidamente y sin esperas. Por ello, es importante educar a las nuevas generaciones en valores de esfuerzo, constancia y persistencia, pues no todo se consigue a la primera y en muchas ocasiones la recompensa solo llega tras un largo esfuerzo; Valorar y agradecer lo que se tiene es todo un aprendizaje.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, debemos tener presente la importancia del estilo educativo familiar como factor decisivo en la aparición de este tipo de conductas en los niños y niñas. Debe buscarse una forma intermedia de actuar, el estilo educativo democrático: marcar límites y normas mediante una comunicación asertiva, sin juzgar a nuestros hijos, escuchando sus necesidades y sentimientos, así como teniendo en cuenta su autoestima.

Proteger sin sobreproteger. Con autoridad sin autoritarismo.

¿Cómo prevenirlo en casa?

1. Para educar a niños y niñas sanas, fuertes e inteligentes emocionalmente es necesario establecer normas y límites claros desde edades tempranas, mediante los cuales sepan diferenciar las conductas que están permitidas de las que no, así como las consecuencias que pueden derivarse de las no permitidas.

2. Es importante fomentar la realización de tareas y asignar responsabilidades en el hogar, acordes a su edad, para fomentar su autonomía y, por ende, autoestima, pues se sentirá útil, hábil y “un niño/a mayor”.

3. Trabajar el reconocimiento de las emociones, entendiendo cuáles son, cómo se llaman, cómo se representan en su cuerpo y su función. Así también podrá entender las emociones ajenas, desarrollando la empatía y cómo pueden afectar sus comportamientos a los sentimientos de los demás. Es decir, trabajar en Inteligencia Emocional.

4. Como padres y madres, somos el modelo a seguir por nuestros hijos. Todo lo que digamos y lo que hagamos en casa será escuchado e imitado por ellos. Por eso, debemos intentar ser siempre el mejor ejemplo: nuestra mejor versión.

La palabra convence, pero el ejemplo arrastra. No te preocupes porque tus hijos no te escuchen; te observan todo el día”

María Teresa de Calcuta

5. Debemos gestionar ese “sentimiento de culpabilidad” por no poder pasar con ellos todo el tiempo que nos gustaría, para que esto no se traduzca en permisividad ni en el  consentimiento de conductas disruptivas o  de sus caprichos. Prioriza dedicar tiempo de calidad en familia al llegar a casa, de conversación, de juegos, de cosquillas y risas.

6. Fomentar una comunicación asertiva, positiva, sin gritos ni amenazas, con un tono de voz de adecuado, sin titubear, sin dudar, así como practicar la escucha activa.

7. Fomentar el valor del esfuerzo, reforzar la dedicación de nuestro/a hijo/a, cada intento, independientemente de los resultados que consiga, para aumentar su tolerancia a la frustración e interiorizar la importancia de la persistencia y así, aprender a valorar mucho más las recompensas.

8. Por último, es recomendable pedir ayuda a profesionales del ámbito educativo y sanitario si se observan dificultades para controlar y/o reconducir las situaciones.

Un niño que no sufre cierta frustración, que tiene todo lo que pide de forma inmediata,  que no está acostumbrado a escuchar la palabra “NO”, se convertirá en una persona ansiosa, exigente, impaciente y vulnerable. Cuando le toque enfrentarse a situaciones difíciles en su vida no sabrá afrontarlas ya que no contará con las capacidades y/o competencias suficientes para tolerar la frustración. Esto repercutirá en una baja autoestima al no sentirse hábil para hacer frente a sus propios problemas.

Cuando el niño o la niña se ha convertido en una “personita tiránica”, puede modificarse su conducta paulatinamente. Para ello es importante el establecimiento de límites y normas claras mediante una comunicación asertiva y positiva en la familia. Educar a nuestros hijos e hijas en Inteligencia Emocional permitirá que aprendan a gestionar sus emociones, sentimientos y frustraciones, ayudándoles a sentirse felices consigo mismos y con los demás, favoreciendo el desarrollo de la empatía y de su autoestima.

de Macarena López Peco

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