Ansiedad anticipatoria en tiempos de incertidumbre

El hecho de que nos encontremos cada vez más en un mundo cambiante, en un mundo con inestabilidades, crisis laboral, sanitaria, política… la sensación de incertidumbre y el temor a lo que sucederá van creciendo. Podemos extrapolar esto a la situación actual de pandemia por la COVID-19, un estado donde lo nuevo y desconocido ha invadido nuestra vida, donde la sensación de incertidumbre ha acaparado protagonismo en la mayoría de las personas. Hoy hablamos de la ansiedad anticipatoria y cómo gestionarla.

¿Qué nos pasa cuando vivimos ante un futuro tan incierto?

La incertidumbre está relacionada con esa necesidad que tenemos de saber qué va a pasar a continuación. Con ese impulso hacia un intento desesperado por controlar el futuro, anticiparnos a las posibilidades de algo y a sus consecuencias.

Tras la primera ola de la pandemia se esperaba que la sensación de inseguridad e incertidumbre cada vez sería menor, lo peor parecía haber pasado. Sin embargo, las posteriores olas y las malas noticias que han ido llegando desde entonces, han seguido provocando un aumento masivo de la incertidumbre.

Grandes incertidumbres rodean muchos de los aspectos importantes de nuestra vida, la capacidad de los sistemas sanitarios para afrontar un desafío extraordinario, la efectividad de las vacunas, el tamaño final del shock de mortalidad, el impacto económico, las respuestas políticas o la gestión de esta nueva situación son algunas de ellas.

La incertidumbre a la hora de pensar en estos aspectos, entre muchos otros, nos provoca una sensación de inseguridad, que en muchas personas es fácil que traiga consigo la desagradable ansiedad, en la mayoría de los casos, ansiedad anticipatoria.

¿Y qué es la ansiedad anticipatoria?

La ansiedad anticipatoria aparece cuando tenemos miedo a cosas que pueden suceder en un determinado momento, no aparece cuando está pasando algo sino cuando estamos pensando negativamente en qué va a pasar. Cuando nos preguntamos, ¿me contagiaré?, ¿me echaran del trabajo?, ¿y qué pasará cuando termine todo? Esto puede ser incluso positivo, te mantiene alerta y te prevé frente a ciertos riesgos, el problema surge cuando esta incertidumbre nos llega a desbordar, cuando nos impide vivir la vida que queremos vivir.

“Al final, nuestro bienestar será proporcional a la incertidumbre que seamos capaces de tolerar.”

Alba Verdés

Está claro que la vida no se puede controlar por mucha voluntad que pongamos en seguir ciertos caminos, podremos hacer cosas pero siempre puede aparecer un imprevisto -pandemia- que nos hará parar, readaptar o cambiar de camino sin saber qué pasará -incertidumbre-. Será ahí donde tendremos que parar, reflexionar y aprender a convivir con ello. Es fundamental para gestionar el hecho de vivir en constante movimiento, de vivir en nuestra sociedad. Sin embargo, puede ser que la falta de control nos inquiete y ahogue hasta el punto de llegar a bloquearnos, experimentando ansiedad anticipatoria.

¿Y qué podemos hacer cuando esta ansiedad nos ahoga?

1. Pensar que existe el final. Aunque no sabemos cuándo será el desenlace de esta pandemia y de todo lo que conlleva, lo que sí podemos hacer es pensar que algún día pondremos punto y final a todo esto. Uno de los obstáculos en los que nos encontramos cuando estamos viviendo una situación incierta es pensar que nunca veremos la luz al final de ese túnel. Que esta pesadilla durará para siempre. Pensar así sólo nos paralizará y no nos dejará ser lo suficientemente racionales a la hora de analizar la situación.

2. Aceptar que no depende de nosotros cambiar la situación. Sabemos que ya estamos tomando las medidas necesarias y tenemos que aceptar que no depende de nosotros la mejoría o el final de todo esto. Recuerda que la forma de sufrir menos será aceptar la situación y valorar qué podemos hacer al respecto. Como por ejemplo dejar de ser tan exigentes con nosotros mismos, o focalizar nuestra atención en la tarea que tenemos ante nosotros. También será muy beneficioso a nivel fisiológico los efectos que producen la práctica de meditación, el deporte o nuestras aficiones.

3. Centrarse en el ahora. Continuamente nos está llegando información relacionada con el virus y puede ser fácil quedar atrapados en ella, pero también podemos enfocarnos en el aquí y el ahora, pudiendo lidiar mejor con el presente. Piensa en ti y en tus fortalezas para manejar el tiempo presente, en lo que puedes hacer ahora mismo, a corto plazo, para estar mejor.

4. Reconocer que tus rumiaciones son solo pensamientos. El hecho de pensarlo no hace que esto vaya a ocurrir. No tenemos certezas a las que aferrarnos, al contrario, nos pasamos el día dando vueltas a las cosas sin llegar a un fin razonable. Márcate un tiempo para pensar sobre ello y sobre todo cuestiónate tu pensamiento. Recuerda que el hecho de pensarlo continuamente hará que acabes teniendo la certeza absoluta de ese pensamiento, sin que lo sea. De esta manera, no significa que tu preocupación vaya a desaparecer, pero tu malestar seguramente se atenuará.

Está bien tener la vista puesta en el futuro, siendo conscientes de nuestras metas y de pensar en las posibles consecuencias de nuestros actos para poder avanzar. Cuando algo no dependa de nosotros, observémonos y focalicemos nuestra atención en el momento presente y lo que nos rodea. Pensar qué podemos hacer para convivir con la situación actual. No es una tarea fácil pero se puede conseguir. En caso de que esta situación te llegue a desbordar, recuerda que estaremos aquí para ayudarte.

de Alba Verdés Farran

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