¿Tienes ansiedad?

¿Crees que puedes estar sufriendo ansiedad? ¿Te sientes abrumado/a, angustiado/a o con presión? ¿Has detectado señales corporales? ¿Quieres saber si tienes ansiedad?

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Ilustración de @cristiangroza.artworks

Primero de todo, es importante recalcar la confusión prevalente entre términos diferentes como estrés, angustia o ansiedad. Así que, para empezar, vamos a aclarar estos conceptos.

Inicialmente, podemos experimentar cómo el cuerpo intensifica su activación para hacer frente a las demandas que le puede plantear la situación en la que se halla (interna o externa) o en la que espera encontrarse. De forma aguda, esta respuesta de alerta aparece brevemente y se va cuando el factor estresante desaparece, produciendo un retorno al estado de equilibrio (distensión).

Hablamos de estrés cuando se produce una desproporción percibida entre lo que requiere la situación y la valoración que hacemos de nuestros recursos para hacerle frente. Y es cuando esta respuesta no da sus frutos y el desequilibrio se mantiene con el tiempo cuando podemos empezar a hablar de distrés o estrés desadaptativo. Eso producirá cambios neuroendocrinos intensos, persistentes y dañinos para nuestra salud.

En cuanto a la ansiedad, principalmente se distingue del estrés por su extrema intensidad, se ha reconocido como algo peligroso, dado que se movilizan todos los recursos de cuerpo y mente disponibles para enfrentarnos al peligro o evitarlo. Si la intensidad de la activación de la persona es acorde al peligro real que supone, hablaremos de ansiedad positiva. En ese caso, se trata de un mecanismo adaptativo y sano que nos permite gestionar situaciones peligrosas.

¿Cuándo es un problema?

Si no hay esta relación entre nuestro nivel de hiperactivación y la gravedad real del problema, es cuando hablamos de ansiedad negativa. Y es cuando esta ansiedad perdura aún habiéndose reducido el peligro o incluso desaparecido, que empezamos a hablar de trastornos de la ansiedad. También cuando esta respuesta es tan desproporcionada, intensa y prolongada que implica consecuencias perjudiciales para nuestra salud y puede afectar significativamente en las actividades diarias.

Esta problemática es de las más comunes en nuestra sociedad, lo podemos ver por ejemplo en que sea la causa de gran parte de las bajas laborales. Aunque hay de diferentes tipos, los síntomas más comunes son:

-Físicos: mareo, náuseas, pulso acelerado, sudor, escalofríos, temblores, tensión muscular, sensación de ahogo, presión en el pecho, boca seca, dificultades para dormir, alteraciones en la alimentación.

-Psicológicos: preocupación excesiva, pensamientos y conductas repetitivas, miedo irracional e intenso, recuerdo de hechos traumáticos, tristeza.

Tipos de trastornos de ansiedad

Los criterios en común que tienen todos los trastornos siguientes para poder afirmar que la persona padece el trastorno en cuestión son:

  • Presentar un malestar clínicamente significativo o deterioro a nivel social, académico, laboral u otros ámbitos importantes.
  • Comprobar que no se explica por otra enfermedad, trastorno mental o el consumo de alguna sustancia. Es imprescindible hacer un diagnóstico diferencial, comprobando que la alteración no se explica mejor por otro trastorno mental, como padecer un trastorno del espectro autista y presentar resistencia al cambio, sufrir delirios por sufrir un trastorno psicótico, entre otros.

Siguiendo el DSM-5, el manual diagnóstico de trastornos mentales más consagrado actualmente, encontramos los siguientes tipos de trastornos de ansiedad:

-Trastorno de ansiedad generalizada

Para poder decir que la persona sufre este trastorno debe presentar una ansiedad y preocupación excesiva y anticipatoria la mayoría de días durante 6 meses. La persona no puede controlar su preocupación y muestra inquietud o sensación de estar atrapado/a y nervioso/a, dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular, facilidad para fatigarse o problemas de sueño.

Como con los demás trastornos que prosiguen, esto causa un malestar clínicamente significativo o una afectación de algún ámbito importante de la vida de la persona y no se puede explicar por otro efecto, trastorno o afección.

-Trastorno de ansiedad por separación

Se caracteriza por un miedo o ansiedad por la separación con una persona por la que siente gran apego. La persona puede sufrir un malestar excesivo cuando prevé o vive una separación, o bien por daño, enfermedad, muerte, acontecimientos adversos como ser raptada/o, tener un accidente… También cuando aparece una fuerte resistencia o rechazo a salir lejos del hogar, a dormir fuera o sin esa persona cerca. Otro criterio que puede indicar su diagnóstico es que aparezcan pesadillas sobre el tema o quejas repetidas de síntomas físicos cuando se produce o se avista la separación.

Estas alteraciones deben persistir al menos durante 4 semanas en niños y adolescentes o 6 o más en adultos.

-Mutismo selectivo

Consiste en un fracaso constante para hablar en contextos sociales específicos en los que se espera que la persona lo haga, interfiriendo en los logros, rendimiento o comunicación social. Es importante que no se pueda atribuir primero a una falta de conocimiento, a la incomodidad con el lenguaje necesario o a la aparición de un trastorno de la comunicación como por ejemplo el tartamudeo.

Para realizar un diagnóstico deben persistir estas alteraciones al menos durante 4 semanas en niños y adolescentes o 6 o más en adultos.

-Fobia específica

Es cuando la persona sufre un miedo o ansiedad intensa y desproporcionada al peligro real por un objeto o situación específica, como volar, alturas, animales, inyecciones, sangre…

El objeto o la situación fóbica provoca una evitación persistente o resistencia activa por parte de la persona durante 6 o más meses.

-Trastorno de ansiedad social (fobia social)

Se hace este diagnóstico cuando la persona sufre un miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que está expuesto a examen por las otras personas (ser observado, actuar delante a otras personas…). Cuando la persona siente miedo a actuar de cierta manera o mostrar síntomas de ansiedad que causen una valoración negativa, vergüenza, rechazo, humillación, ofensa…

Ese miedo o ansiedad debe ser desproporcionada por la amenaza real planteada por la situación social y contexto sociocultural. También durar al menos 6 meses.

-Trastorno de pánico

Se caracteriza por sufrir ataques de pánico imprevistos y recurrentes. Un ataque de pánico es cuando aparece de forma súbita miedo o malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos en los que pueden aparecen palpitaciones, aceleración de la frecuencia cardíaca, sudoración, temblores, dolor en el pecho, dificultad para respirar, ahogo, náuseas, mareo, hormigueo, entre otros síntomas fisiológicos. Frecuentemente junto al miedo a morir por dichos síntomas, a volverse loco o perder el control junto a la sensación de desrealización y despersonalización (tener la sensación de que el entorno o la propia persona parecen ser irreales).

Estos ataques producen a posteriori la inquietud y preocupación continua en la persona de padecer otro o a sus posibles consecuencias, lo que lleva muchas veces a la persona a evitar y a su vez limitando su vida.

-Agorafobia

Uno de los criterios diagnóstico para la agorafobia es sufrir miedo o ansiedad intensa en frente de dos o más de las siguientes situaciones: uso del transporte público, estar en espacios abiertos o en sitios cerrados, hacer cola o estar en medio de una multitud, o estar fuera de casa solo.

La persona teme y evita alguna de estas situaciones por la idea de que no va a poder escapar o disponer de ayuda si aparecen síntomas de pánico o de otro tipo incapacitantes. De esta forma la persona sufre el miedo, ansiedad o evitación de manera continua y durante seis meses o más.

¿Cuándo es necesario acudir a un psicólogo?

Tal y como acabamos de indicar, la ansiedad es junto a la depresión (y generalmente de manera comórbida), uno de los problemas o alteraciones mentales más frecuentes. Puede provocar un gran malestar a la persona que la sufre, repercutiendo en importantes ámbitos de su vida a nivel conductual, cognitivo y fisiológico. Algunas de las señales que pueden indicar la necesidad de atención terapéutica son:

-Sensaciones de pánico, como vértigo, respiración rápida o latidos acelerados

– Incapacidad de trabajar o desempeñarse en casa

– Miedos que no puede controlar

– Tener recuerdos recurrentes de un evento traumático

Cuando la ansiedad se convierte en la tónica habitual y deja de ser un estado puntual es necesario pedir ayuda. Si aparece en situaciones cotidianas que no comportan un peligro real o afecta a tu bienestar, por ejemplo sufriendo insomnio o crisis, puede ser vital recibir atención de un profesional.

Desde Psicología Buenamente te recomendamos que si sufres de ansiedad no evites gestionar tu malestar. Evitarlo con la esperanza de que desaparecerá y que no va a volver a suceder puede no ser la mejor alternativa.

Te acompañamos y atendemos tu caso para comprender juntos qué esta provocando esa ansiedad y cómo gestionarla. Dándote herramientas para gestionar el malestar y aumentar la tolerancia a lo que te mantiene alerta.

Busquemos soluciones juntos

Si nosotros no somos la mejor opción terapéutica para tu caso, te ayudaremos a ponerte en contacto con los profesionales o centros especializados más idóneos para ti.

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