¿Soy emocionalmente inteligente?

“No sé decir cómo me siento”, “No entiendo porque estoy llorando” o “No me entiendo ni a mi mism@” son frases que nos pueden ayudar a identificar la percepción que tenemos de nuestra inteligencia emocional. Hoy hablamos de en qué consiste esta, como se relaciona e influencia nuestras decisiones y estilo de vida. También de cómo potenciarla, vamos allá.

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Enfocándolo como parte de la inteligencia, históricamente se ha concebido el Coeficiente Intelectual (CI) como el mejor indicador para determinar si la persona tendrá éxito en la vida. Hoy en día somos conscientes del sesgo que supone, además de una visión determinista, como si sólo se tratara de eso.

Era necesaria una visión más amplia y así lo constató cómo fueron cogiendo protagonismo teorías de la inteligencia focalizadas en otras concepciones. En la década de los 90 se produce una revolución en el modo de integrar la dimensión cognitiva con la afectiva. Son un ejemplo las Inteligencias Múltiples propuestas por Howard Gardner y cómo no, la Inteligencia Emocional que puso de relieve Daniel Goleman.

“Al principio y al final siempre hay una emoción”

Eduard Punset

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

Surgen un sinfín de definiciones de qué es la Inteligencia Emocional (IE) así como diferentes modelos explicativos. Por una parte algunos autores, donde destacan Mayer y Salovey, defendían que estas habilidades emocionales se podían aprender y desarrollar a largo de la vida.

En contraposición, autores cómo Goleman o Bar-On defendían que además de estas habilidades emocionales, se incluían rasgos de personalidad, es decir, dimensiones estables en el tiempo, que se tienen o no.

Según el modelo en que nos situemos tendremos diferentes definiciones. Salovey y Mayer definieron la Inteligencia Emocional como:

La habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones.

Daniel Goleman por su parte defendía que la Inteligencia emocional determina la capacidad potencial que dispondremos para aprender las habilidades prácticas basadas en los siguientes cinco elementos compositivos: la conciencia de uno mismo, la motivación, el autocontrol, la empatía y la capacidad de relación. De esta forma, la Inteligencia Emocional implica:

Adaptado de las aportaciones de Salovey y Mayer, 1997

También se destaca la capacidad para:

  • Conocer las propias emociones
  • Manejar las emociones
  • Motivarse a sí mismo
  • Reconocer las emociones de los demás
  • Establecer relaciones

¿Por qué y para qué necesitamos la IE?

Tomar conciencia de nuestras emociones y entender la función que cumplen (adaptativa, motivadora, valorativa…) será vital para una buena gestión. Desarrollar una buena inteligencia emocional promoverá nuestro crecimiento personal y nos facilitará expresar nuestras emociones sin que ellas nos dominen y que las podamos regular sin perder nuestro equilibrio y bienestar.

La inteligencia emocional nos permite buscar alternativas para solucionar conflictos y tomar decisiones coherentes con nuestros valores vitales. Desarrollar nuestras habilidades emocionales constituye un factor de protección frente al malestar psicológico y nos da unas valiosísimas estrategias para afrontar nuestro día a día de la forma más adaptativa.

Será una gran fuente de salud y felicidad y aumentará en gran medida las probabilidades de que alcancemos nuestro rendimiento óptimo tanto a nivel personal como familiar, laboral, etc…

¿Cómo podemos potenciarla?

Metacognición

Este término significa literalmente “pensar acerca del propio pensamiento“. La reflexión sobre la manera en cómo se desarrollan nuestros propios procesos mentales nos da una perspectiva muy útil.

Por una parte nos enseña a pensar de una forma en la que se contribuye a satisfacer las necesidades de la persona y de la sociedad. Proporcionando beneficios para ambos. Por la otra, nos permite la adquisición de procesos de pensamiento eficaces. Indagando en nuestra propia naturaleza interior y comprendiéndola aprendemos a controlar y ajustar nuestra propia conducta. Discernir quiénes somos y qué podemos llegar a ser en la vida.

Atiende y aprende a gestionar tus emociones

Es muy probable que vayas a un ritmo muy acelerado en tu día a día, corriendo de un lado para otro, ocupad@ con mil tareas y manteniendo una vida social, no te hayas parado a pensar en cómo te sientes. Esto supone un riesgo a la hora de tomar decisiones sin haber hecho un buen análisis.

Si ese es tu caso, como propuesta, te sugerimos que pongas a prueba el siguiente ejercicio. Ponte dos o tres alarmas a lo largo del día. Cuando suenen, respira de forma pausada y profunda y dedica unos minutos a atender cómo te sientes. Identifica tus emociones y analiza el por qué las sientes. Automatizar esta práctica hará que te atiendas de forma más sana sin darte cuenta.

Manifestación de las emociones y los sentimientos

La capacidad de expresar emociones es esencial para mantener relaciones personales cercanas y saludables. Expresar no sólo las cosas malas es muy necesario, aunque a veces se de por sentado y se considere que no hace falta. Nos ayudará también a ser más conscientes y apreciar todas las cosas que van bien en nuestra vida, a pesar de todos los conflictos o problemas que aparecen, en lo que ya nos centramos en muchas ocasiones.

Si no eres una persona particularmente expresiva o sientes que es muy difícil expresarlo en palabras, también puedes utilizar el lenguaje corporal.

Una forma increíble para reconocer y expresar nuestras emociones es a través de las artes. Por ejemplo, a través de las artes visuales, la música, la escritura creativa o los juegos de roles.

El simple hecho de escribir un diario personal puede sernos un útil medio para la autorreflexión y el autoaprendizaje.

Te recomendamos este video del programa “Redes” de Eduard Punset.

Tener unas buenas habilidades para identificar los sentimientos propios y del resto, así como una buena capacidad para gestionarlos, son factores de protección frente a la gestión de nuestro malestar y sus consecuencias. Como el consumo y abuso de drogas, conductas autolesivas o la aparición de trastornos mentales. Cuida tu salud mental y cultiva tu inteligencia emocional.

de Robert Cotonat Gracia

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