Un tranvía llamado decisión

Imagínate que estas conduciendo un tranvía sin frenos. No hay forma de pararlo. Puedes ver ahí delante, sobre las vías, a cinco operarios trabajando en ellas, totalmente desconocedores de lo que se les viene encima. Si el tranvía continua, todos ellos morirán.

Antes de que eso ocurra, justo antes del lugar donde serían arrollados, una bifurcación en la vía te da la posibilidad de dirigir el tranvía hacia un lugar donde se encuentra una sola persona, también totalmente inconsciente de la situación. Puedes tirar de una palanca para cambiar de vía, el tranvía golpeará únicamente a la persona solitaria y no a las otras cinco. Provocarías una muerte pero salvarías cinco vidas. ¿Decides tirar de la palanca?

Este es el experimento mental conocido como el dilema del tranvía, desarrollado por la filósofa Philippa Foot en 1967 y que posteriormente ha tenido diversas adaptaciones, provocando multitud de estudios relacionados con lo que son los dilemas morales y los ingredientes que pueden inducir a tomar determinadas decisiones.

Quizás hayas decidido tirar de la palanca como la mejor opción y te permites pensar que el valor moral de tu decisión está únicamente determinado por el resultado: una vida a cambio de otras cinco. Si es así, déjame plantearte una nueva situación.

Imagínate ahora que eres médico y ese día tienes a cinco pacientes muy graves pendientes de trasplantes que no llegan: Dos de riñón, dos de pulmón y uno de corazón. En urgencias acaba de entrar una persona con una pierna rota, nada importante, pero repasando su historial tienes clarísimo que sus órganos son compatibles al 100% con los que están necesitando desesperadamente tus cinco pacientes. ¿Y ahora qué? El resultado podría ser exactamente el mismo que con el tranvía: una vida para salvar otras cinco… Esta vez se me antoja que no moverías la palanca (o más bien el bisturí) para salvar ese mayor número de personas.

Está claro que en éste caso no te sirve pensar que tu decisión esté determinada únicamente por el resultado de 5 a 1, no es lo mismo intervenir directamente que actuar indirectamente sobre un mecanismo aunque las consecuencias sí sean las mismas, por no hablar también de los condicionantes profesionales que envuelven al médico ante la vida y la muerte.

La mayoría de la gente estaría de acuerdo en que matar está mal, pero tal vez no en todas las circunstancias. El homicidio es un acto tan grave que es de considerable interés psicológico comprender los contextos en los que las personas pueden tolerar el asesinato de otro ser humano. Durante algunas décadas, los psicólogos han estado recopilando datos sobre uno de esos contextos: ¿Cuándo las personas encuentran aceptable sacrificar una vida para salvar muchas?

Un nuevo estudio1, dirigido por Edmond Awad, ha analizado cómo reaccionan las personas en diferentes continentes a una nueva versión de éste famoso experimento de pensamiento moral preguntando a 70.000 personas de 42 países.

En general, el 81 por ciento estaba dispuesto a cambiar el vagón a una vía de tren separada para matar a una persona en lugar de cinco. Los resultados mostraron que, predominantemente, las personas en Europa, Australia y América estaban más dispuestas que las de los países orientales a cambiar el camino y a sacrificar al hombre, para salvar más vidas. En países orientales como China, Japón y Corea, hubo tasas mucho más bajas de personas que probablemente apoyarían esta visión moralmente cuestionable. Según parece, en las comunidades tradicionales donde las personas interactúan en comunidades pequeñas y cercanas en las que es difícil formar nuevas relaciones, no quieren comprometer sus conexiones actuales sugiriendo que sacrificarían a alguien y arriesgándose a confrontar sus ideas con su vecino. En los países occidentales, donde parece más fácil seguir adelante y encontrar nuevos grupos sociales si alguien no está de acuerdo contigo, a las personas les puede resultar menos complicado expresar tales pensamientos.

Pero ¿para qué diablos estamos dando vueltas a este asunto? Fácil. Sustituye, por ejemplo, el tranvía por un coche autónomo y al conductor por una inteligencia artificial que deberías programar a tomar determinadas decisiones en situaciones comprometidas en las que pueden estar en juego vidas humanas. Ésta es una tecnología ya desarrollada y que no está exenta de encontrarse con accidentes en los que van a estar implicadas consecuencias graves e incluso vidas.

Es ahí, en su aplicación práctica, donde el problema se complica sobremanera. En el estudio1 de Edmon Awad, las variaciones entre países (que quizás pudieran significar que ese coche autónomo acabara comportándose de forma diferente según nacionalidad) introducen aspectos tan subjetivos como la vergüenza en expresar opiniones potencialmente chocantes a tu vecino como determinantes de la decisión. A ello hay que unir que tales elecciones morales podrían depender de asuntos como si se está utilizando un idioma extranjero o la lengua materna en la formulación del dilema: Un estudio3 de la Universidad de Chicago y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona con Albert Costa a la cabeza encontró que las personas que usaron un idioma extranjero adoptaron un enfoque relativamente utilitario en los dilemas morales, tomando decisiones basadas en evaluaciones de lo que es mejor para el bien común. Ese patrón se mantuvo incluso cuando la elección utilitaria comportó un resultado emocionalmente difícil, como sacrificar una vida para que otros pudieran vivir.

Así que sutiles factores de contexto influyen no tanto en la toma decisiones sino en la verbalización que se hace de ello. Y con esto llegamos al final del camino en que, a la postre, podemos comprobar las diferencias que nos traen de cabeza a los investigadores sociales, entre lo que la gente dice que haría y lo que acaba haciendo realmente. Los investigadores Dries Bostyn y Arne Roets de la Universidad de Gante han puesto en práctica el dilema y los resultados de su estudio2 son sorprendentes.

No, los participantes no tenían que matar a nadie. En una jaula había cinco ratones y en otra había tan solo un ratón. Si no apretaban un botón, los cinco ratones de una de las jaulas sufrirían un fuerte calambrazo y si apretaban el botón lo sufriría solo el ratón de la otra jaula. Participaron 300 personas. A la mitad se les planteó el problema teórico y se les preguntó si apretarían o no el botón. Las respuestas fueron que el 66% pulsaría el botón, mientras que el 34% no haría nada. Es decir, un 34% se decantaría por que sufrieran el calambrazo los cinco ratones. A la otra mitad de participantes se les presentó un escenario real; es decir, había dos jaulas, una con cinco ratones y otra con un solo ratón. Había muchos cables eléctricos y había un botón. Los cables no hacían nada, los ratones nunca sufrían ningún daño, pero a los participantes les hablaron de un calambrazo nada agradable. Ante el hecho real, los comportamientos fueron diferentes que en el teórico. El 84% apretó el botón y el 16% no hizo nada. Eso significa que en un dilema moral, lo que pensamos que vamos a hacer y lo que acabamos haciendo no coincide.

Ciertamente es el contexto -del cual formamos parte- el que acaba decidiendo por nosotros. Lo tuyo a la hora de no poder decidir es, probablemente, o que no te permites formar parte enteramente y con naturalidad de un determinado contexto o que deseas el imposible de que tu decisión sea tan perfecta como para que sirva en todos los contextos posibles.

de Joan Xicola Espert

1Awad, E., Dsouza, S., Shariff, A., Rahwan, I., & Bonnefon, J. F. (2020). Universals and variations in moral decisions made in 42 countries by 70,000 participants. Proceedings of the National Academy of Sciences117(5), 2332-2337. Ver aquí

2 Bostyn, D. H., Sevenhant, S., & Roets, A. (2018). Of mice, men, and trolleys: Hypothetical judgment versus real-life behavior in trolley-style moral dilemmas. Psychological science29(7), 1084-1093. Ver aquí

3 Costa, A., Foucart, A., & Hayakawa, S. Melina Aparici, Jose Apesteguia, Joy Heafner, Boaz Keysar, and Mariano Sigman. 2014.“. Your Morals Depend on Language.” PLoS ONE9(4), e94842. Ver aquí

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