Vivir con dolor crónico

El Dolor Crónico (DC) es la segunda causa de consulta más común en los centros de salud. Más del 50% de las consultas realizadas se encuentran relacionadas con dolores físicos. A nivel europeo el índice se reduce, el 19% de la población presenta DC. ¿No da que pensar? En el siguiente artículo veremos en detalle el impacto del Dolor Crónico en la población y cómo podemos convivir mejor con él. Es importante saber que tenemos un papel activo en su manejo y que podemos implementar unas pautas diarias para aumentar nuestra calidad de vida.

El Dolor Crónico es un dolor de evolución de más de 6 meses, puede ser continuo -todo el día sin descanso- o intermitente -periodos temporales donde no hay dolor-. Puede tratarse de dolores musculares, esqueléticos, enfermedades que cursan con dolor constante o fibromialgias. Esta última es la más común, sobre todo en mujeres de entre 40 y 50 años. 

Este dolor tiene un impacto multidimensional en el individuo y su entorno; a nivel físico (limita el día a día), psíquico (alta correlación de DC con Depresión, Ansiedad e Insomnio), social y económico (bajas laborales, incapacidad física reconocida, bajo poder adquisitivo, aislamiento del entorno, etc).

Su manejo supone un reto para los médicos y psicólogos de Atención Primaria.

Hay que tener en cuenta que el paciente con DC no tiene porqué ser una persona con problemas psicopatológicos per se, sino que las alteraciones emocionales -frustración por la situación, sentimientos de inutilidad, etc- que padece vienen muchas veces del propio DC. A la vez, este impacto emocional conlleva un aumento de la gravedad de los síntomas de DC. Creando así el llamado círculo del dolor.

¿Se puede modular el dolor a nivel psicológico?

Melzalk en su Teoría de la Puerta explicó que los aspectos sensoriales del dolor, aquello que sentimos en cada momento, se ponen en relación con los aspectos cognitivos de la persona (creencias y pensamientos automáticos acerca del DC) y con los aspectos más emocionales (valoración de la experiencia como agradable o desagradable, emociones negativas o positivas vividas, etc). 

En relación a esta teoría y otras investigaciones vemos que los antidepresivos pueden ser una buena herramienta para paliar el dolor, ya que ayudan a cerrar la puerta del dolor. Aún así, no es en ningún caso la única que debería usarse, ya que se ha visto que otras alternativas conductuales cómo el vivir experiencias agradables, hacer ejercicio y tener momentos de distracción tienen un gran impacto en nuestro estado anímico.

¿Qué puedo hacer si tengo Dolor Crónico?

Debemos hacer conscientes a las personas con este tipo de patologías que pueden contribuir a mejorar su calidad de vida, incrementándoles así sus expectativas de autoeficacia. Es importante que se centren en aquello que sí pueden hacer y está bajo su control, aceptando las limitaciones y los cambios sufridos. Luchar contra el DC solo agravará el círculo del dolor. A partir de aquí, debemos marcar unas pautas diarias:

– Planificación del día. Debemos tener una estructura, es la base para mejorar cualquier problema psicológico. Marcando horarios con diferentes actividades combinadas con descansos obligados cada X tiempo para no fatigar en exceso el cuerpo. 

– Actividad física. Las personas con DC viven con la creencia de que es mejor evitar todo ejercicio físico por miedo a padecer dolor, pero esto no es cierto. El ejercicio físico ayuda al mantenimiento de la musculatura y a la reducción de la ansiedad. Combinado con descansos y dentro de las capacidades de la persona, debemos incluir ratos diarios donde nuestro cuerpo, aún con dolor, se mueva. 

– Respiración. Esta es una herramienta que una vez la automatizamos la podemos usar cómo ansiolítico en los momentos de ansiedad física. Siempre va con nosotros y no necesitamos más que sentarnos o tumbarnos durante unos minutos y respirar. Empezamos inspirando por la nariz de manera suave sin forzar para poder inflar el diafragma y no los pulmones, retenemos unos segundos, y expiramos por la boca de manera lenta y progresiva. Repetimos unas diez veces y vemos cómo nuestro cuerpo se desacelera. Es recomendable hacerlo un par de veces al día para habituar la práctica.

– Actividades agradables. El hacer aquellas cosas que nos resultan placenteras hará que el foco atencional que siempre tenemos sobre el dolor se dirija a otra parte. Además, el experimentar emociones positivas reduce la sensación de dolor, como hemos comentado anteriormente. 

Estas pautas mostradas deben estar personalizadas en cada caso y adaptadas a cada persona, pudiendo facilitar el día a día. La persona debe aceptar la situación y la nueva vida que empieza. Aún así, el hecho de explicar a aquellos que lo padecen que deben implicarse y que eso ayudará a su mejoría puede motivarlos y hacerles cambiar la visión de la patología vivida. Así que, si te encuentras en esta situación, pregúntate, ¿Qué puedo hacer aún teniendo dolor? Y hazlo, aunque haya que parar a descansar cada cierto tiempo, ¡Empieza! 

de Esther Martín Santander

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