El contrato psicológico en el mundo laboral

¿Sabías que tu nivel de compromiso en el trabajo determina tu productividad en él? Hay muchos autores expertos en el tema que lo afirman. Seguro que si te preguntan qué es lo que más valoras para aceptar una posición, sabrías listar más de 3 o 4 cosas que consideras de vital importancia y que por ello esperas que se cumplan. Esto son las expectativas y las podemos englobar dentro de lo que en la literatura se conoce como “El contrato psicológico”.

Atraer y retener el talento se ha convertido en todo un reto para las organizaciones en los últimos años. No solo la alarmante competitividad en el mercado ha despertado la necesidad de desarrollar una estrategia para convertir la empresa en un lugar atractivo, sino también las propias características del empleado y del ambiente dónde ha crecido y se ha formado.

Un contexto ambiguo, la inmersión tecnológica y los movimientos sociales emergentes, entre otros factores, han determinado nuestro patrón de pensamiento, nuestros valores y nuestros factores motivacionales hacia el trabajo. Este contexto magnífico que nos ofrece tantas posibilidades de cambio, conlleva también otras muchas cosas que pueden entorpecer nuestro compromiso a largo plazo.

¡Sí! Estamos de acuerdo en que buscamos gratificación instantánea; que nuestro día a día es cada vez más superficial; que la multitarea y la gran cantidad de información a la que estamos expuestos puede frustrarnos y debilitar nuestra capacidad de pensamiento crítico; que a su vez solemos tener dificultades para tolerar la frustración; que somos escépticos ante el futuro. Pero aquello que nos dicen los expertos, que de verdad tiene un efecto en nuestra productividad, es el cumplimiento de una serie de factores englobados dentro de nuestro contrato psicológico.

Pasamos alrededor de un 30% de nuestra vida trabajando, así que es muy deseable estar en un puesto que te aporte lo que esperas. Cuando sientes que no estás donde debes, tu nivel de compromiso disminuye exponencialmente y con él tu productividad. Para evitarlo, hay un trabajo previo:

¿Te informas y te interesan los proyectos que está llevando a cabo la institución? ¿Revisas sus redes sociales y los comentarios de sus trabajadores? ¿Conoces al 100% lo que esperan de ti? ¿Te interesas por las posibilidades dentro de la empresa? ¿Preguntas acerca de la retribución fija y variable? ¿Conoces los beneficios que te ofrecen? ¿Preguntas por el tipo de contrato y su duración? Quieres formación, ¿te la ofrecen?

Como ves, si lo simplificamos al máximo, la clave de tu compromiso y tu productividad puede ser el haber tomado una buena decisión aceptando una oferta de trabajo que cumple con tu contrato psicológico, tus expectativas y tu motivación. Por ello, antes tienes que ponerte a definirlo.

Herzberg ya reconocía en su momento algunos factores motivantes como el logro, el reconocimiento, las características del puesto de trabajo, la responsabilidad implícita en él y las posibilidades de desarrollo. Así mismo, añadía que tanto las políticas corporativas como el estilo de liderazgo de los superiores, las relaciones interpersonales entre compañeros o las condiciones laborales, también podían considerarse predictores de los niveles de satisfacción.

Las teorías modernas no se alejan de ese primer marco teórico que nos presentaba el autor en pleno 1959, desafiando las creencias reduccionistas de ese momento que situaban el salario como único determinante. Autores modernos sintetizan la información y definen un modelo de 7 variables para describir el alcance del mencionado Contrato Psicológico.

Hay quienes creen que el desarrollo profesional lo es todo. Quienes valoran ante todo un trabajo retador y cambiante. Otros afirman que sin un buen clima laboral les sería imposible trabajar. Hay quienes sitúan el salario en primer puesto, o quienes llevan la conciliación laboral por bandera. Muchos creen que la empresa que ofrece formación les cuida. Hay a quienes un contrato fijo les deslumbra y quienes lo valoran todo menos eso. Y tú…

de Carolina Bosch

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